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Capitulo 1: Gemelos Capitulo 2: Mentes supremas Capitulo 3: Dal

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Capitulo 2: Mentes supremas

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La Mente Fría que Busca Verdades


I. EL CADÁVER IMPOSIBLE

La lluvia cae implacable sobre las agujas góticas de Ethelgard, arrastrando el hollín acumulado en los tejados y encauzando la mugre industrial de la ciudad hacia las alcantarillas de piedra áspera.

En uno de los callejones más angostos y oscuros, justo detrás de una imprenta local del distrito bajo, la Guardia de la Ciudad había establecido un perímetro improvisado.

El sargento a cargo, con el agua escurriendo por los bordes de su pesado yelmo de hierro, suspiró aliviado al ver aproximarse una silueta familiar: Thalion.

Él no le agrada a nadie por sus nulas habilidades sociales, pero respetan su mente; saben que cuando un crimen parece ilógico, la "rata de biblioteca" era la única que podía encontrarle sentido.

El sargento levantó la lona encerada y rígida que resguardaba la escena de las peores ráfagas de viento. Thalion pasó de largo, ignorando cualquier saludo protocolar o gesto social condescendiente.

Se arrodilló de inmediato en el barro frío. Frente a él yacía el cadáver de un hombre corpulento vestido con sedas de excelente calidad y cortes caros.

Tres detalles anómalos golpearon la brillante mente del forense, antes de sacar sus herramientas del estuche, saca una un libro de notas y escribe:

14 de cenit de 1024

  1. El hombre presenta una incisión geométrica de simetría perfecta en el centro del pecho.
  2. A pesar de la violencia del corte y de la profundidad de la herida, no hay una sola gota de sangre en la ropa, en la piel del sujeto ni en el agua estancada del callejón.

  3. Los dedos rígidos del hombre aferraban con una fuerza espasmódica un trozo de papel vitela sellado con cera negra profunda.
    Después de unos instantes agregó:

  4. El sello no corresponde a ninguna heráldica autorizada en Ethelgard.

El sargento de la guardia tosió con impaciencia, sacudiendo su capa empapada ante el prolongado mutismo del investigador.

—¿Y bien, sabueso? —preguntó con voz ronca—. Mis muchachos no encontraron su bolsa de monedas. Dicen que fue un asalto común de callejón que salió mal. ¿Tú qué dices?

Thalion frunció el ceño, una mueca casi imperceptible. ¡Era una soberana estupidez!. Un ratero común de los muelles usaría un puñal mellado y dejaría un charco sangriento y caótico, no una incisión de precisión quirúrgica.


II. EL DETALLE EXTRAÑO

Thalion ignora la mirada molesta del sargento de la guardia y se pone de pie. Se detiene en la boca del callejón para observar la escena en su totalidad. Su mente procesa la lluvia, la arquitectura de la imprenta, la posición del cuerpo. Antes de tocar el cuerpo, la dote más singular de Thalion, su ojo clínico para lo inusual (That's Odd), entró en funcionamiento. Observó el comportamiento de la tormenta sobre la escena:

De inmediato, algo hace "clic" en su cerebro: el comportamiento del agua.

El callejón estaba inundado, la lluvia golpeaba con furia el granito de las paredes, pero las gotas de agua no tocan la herida abierta en el pecho del hombre. Había una barrera invisible, un campo estático residual de naturaleza arcana, oculta o, tal vez, alquímica que repelía la humedad.

Quienquiera que haya hecho esto, selló la herida a nivel microscópico. Eso explicaría por qué no hay sangre.


III. EL ANÁLISIS DEL ENTORNO

Thalion se puso de pie, apartándose temporalmente del cuerpo para evaluar la escena en su escala macro.

Con pasos lentos y precisos que eludían los charcos alterados por las botas de los guardias, rolando los ojos cada vez que encontraba otra huella que podría contaminar la escena. Examinó el perímetro del callejón, no encontró marcas de arrastre por ninguna parte, es como si el cuerpo hubiese aparecido en el callejón. 

En ese instante, levantó la mirada hacia las alturas góticas bajo la tormenta. Sus ojos se fijaron en una teja rota en el alero de la imprenta, justo por encima de su posición, sonrió. El cuerpo había sido arrojado desde el tejado.

— Lo aventaron — le comenta al sargento y señala la teja rota—. Esta es una escena del crimen activa y no debe ser ni ella ni yo interrumpida por un rato más. Esto no es un asesinato normal.

 El sargento parpadea, desconcertado. Levanta la vista hacia la lluvia, que esta cediendo, lo que le permite distinguir la teja rota en el borde del tejado de la imprenta. 

— ¡Maldito sabihondo! — murmura entre molesto e impresionado— Ya escucharon. Hagan un perimetro de unos 50 pasos nadie entra y si alguien se acerca lo ponen bajo custodia.

 lo arrestan!


IV. LA AUTOPSIA DE CALLEJÓN

La lluvia casi se ha detenido. Con la escena asegurada y en silencio, Thalion volvió a arrodillarse junto al hombre de seda y abrió su estuche forense de cuero repujado, extrayendo las pinzas quirúrgicas y los reactivos de su kit de sanador.

Al tocar la piel expuesta del cuello, notó que la temperatura interna aún era considerablemente alta a pesar de la lluvia invernal. El rigor mortis aún no había reclamado las articulaciones principales. El tiempo de muerte era alarmantemente corto: alrededor de veinte minutos.

Examinando el corte geométrico, confirmas la hipótesis incial: no fue hecho por acero normal. Fue un corte de energía pura que cauterizó y vaporizó la sangre al instante.

Luego de unas 2h de análisis, el silencio se rompe por un "bufido" del sargento, seguido por una molesta pregunta - ¿Y bien? ¿Ya terminaste? para llevarnos el cadáver de aquí. ¡Ya todos estamos cansados! 

Con cuidado, ignorando por completo las protestas silenciosas del sargento, utilizas tus finas pinzas de tus herramientas para deslizar el sobre de entre los dedos rígidos del cadáver sin rasgar el papel ni quebrar el sello de cera negra.

Te apartas del charco de barro y te refugias bajo el cobertizo trasero de la imprenta. El sargento bufa nuevamente y sale del callejón. Un farol de la calle proyecta una luz amarillenta y cálida sobre tu zona de trabajo.


V. EL SELLO NEGRO

El investigador saca otras herramientas, nuevamente su libro de notas, deja con sumo cuidado el sobre encima de su bolso de piel, lo examina y nuevamente escribe mientras lo examina:

14 cenit 1024 

La víctima tiene un sobre extraño con un sello aún más extraño como cerradura.

El papel: No es pergamino común de la ciudad. Es vitela pesada, tratada alquímicamente para resistir la humedad. Por eso no se deshizo en la lluvia.

El Sello de Cera Negra: Tiene un emblema muy particular presionado en el centro. Parece ser la silueta de un ojo ciego, o tal vez un eclipse, rodeado por espinas o engranajes.

Thalion recurrió a su vasta biblioteca mental [39]. Gracias a sus años de oficio como escribano en el gremio de imprentas y al manejo de correspondencia oficial, asoció los patrones geométricos del ojo ciego Aquello no era la marca de un criminal de los suburbios ni la rúbrica de un noble decadente [40]. Aquel sello pertenecía a las altas e intocables esferas de la eclesiarquía teocrática: era el sello oficial de un Ministro del Diezmo, burócratas "recaudadores" de ofrendas "voluntarias" o, tal vez, un Cuestor de la Cancillería, los oficiales de alto rango encargados de emitir sentencias. Lo segundo es más probable.

Thalion inmediatamente se alarma ya que esto tiene un alcance enorme en las esferas del poder; pero algo más le molestaba ¿Por qué el asesino no se llevó el sobre? 

No le dio tiempo o es una trampa.


V. ANÁLISIS EXAHUSTIVO

Thalion extrae una lupa de joyero de su estuche forense y analiza las micro-runas grabadas en la cera. Su extraordinario dominio del saber arcano le permite desvelar la verdad: Los diminutos engranajes tallados en la cera negra no eran ornamentales; formaban un circuito rúnico de abjuración y evocación.

Comprende de inmediato que si alguien rompe la cera físicamente, las runas detonarán, incinerando la vitela, el mensaje y probablemente la mano del incauto; pero él es un maestro forense y con algunas habilidades "de calle".

Saca un pequeño vial de tu estuche alquímico: un solvente neutro de grado médico. Con un pulso inquebrantable que ignora el frío, aplica tres gotas exactas en la base del sello, justo donde la cera se adhiere a la vitela.

El químico disuelve el pegamento sin alterar la cera ni romper la red rúnica.

Con un suave movimiento de tus pinzas, digno de un ladrón de alto grado, levanta el sello negro intacto: La trampa ha sido burlada con una elegancia escalofriante.

Algo cae al abrir la carta: Un pesado y frio engranaje de metal, totalmente liso.

La carta evidentemente esta cifrada, pero Thalion tiene un intelecto es superior; sin hacer caso a las continuas vueltas del sargento, poco más de 1h después descifras el mensaje.

El engrane es una pieza critica para "el cañon del tributo" una especie de reliquia que permite mandar los tributos y los "sacrificios" directamente a los dioses, a su reino divino. 

Habías oido hablar de dicha reliquia; pero sólo como un rumor. Ahora sabes que existe; lo que te hiela la sangre es enterearte que la teocracia aún hace sacrificios, algo que supuestamente esta prohibido desde hace mucho tiempo.


VII. EL LÍMITE DE LA CIENCIA MUNDANA

Thalion tiene en sus manos el mayor secreto de Ethergard, de la teocracia entera.

Sin embargo, su mente deductiva chocó contra una barrera insalvable. Miró el engranaje negro en busca de micro-muescas, huellas dactilares o residuos del agresor, pero no encontró nada, la lluvia y tal vez la pericia del asesino habían borrado cualquier rastro orgánico.

El método forense tradicional había alcanzado su límite natural. Thalion apretó los dientes, frustrado ante el único cabo suelto de la noche. 

Fue entonces cuando el crujido de una bota sobre la grava húmeda rompió el silencio a sus espaldas. Los guardias y el sargento ya habían dado por terminado su turno, no esperaba a alguien más.


Escena IV: Resonancia en la Lluvia

—Probabilidad de deducir la identidad del agresor mediante análisis dactilar en estas condiciones climáticas: cero por ciento —declaró una voz femenina, monótona, melódica y carente de toda emoción humana.

Thalion se sobresaltó, esperaba todo menos la voz de una mujer, se gira de inmediato e instintivamente toma su estilete forense.

Parada bajo el alero del cobertizo se encontraba una joven Nephilim, sus ojos, de un gris tormenta, perecidos a los de él, lo miraban con una fijeza penetrante. 

Stratus se había aburrido de esperara en la posada del distrito bajo, era una parte de la ciudad en la que no habían estado y quería estudiar la geometría y las variables de los callejones de la urbe. No entendía el porque no la querían dejar salir sola de noche con lluvia. A ella no le molestaba un poco de lluvia.

Su mirada gélida se desvió por un instante hacia el cuerpo en el callejón, luego hacia la teja rota del tejado de la imprenta, y finalmente regresó a Thalion, posándose sobre el engranaje negro que él sostenía.

—El ángulo de caída del cadáver indica que la victima debía estar en ese techo, el corte perfecto del pecho fue ejecutado mediante una descarga concentrada de energía arcana, no con acero ordinario —añadió Stratus, dando un paso adelante sin pedir permiso y analizando la escena con la misma rapidez algorítmica que el forense —. Eres un erudito de la deducción. Tu intelecto es evidente, te estuve observando algunas horas; pero careces de las facultades del espectro arcano o de lo oculto necesarias para concluir este análisis.

Antes de que Thalion pudiera replicar ante la osadía de la intrusa, Stratus deslizó una mano pálida bajo su túnica y extrajo una vara de cristal tallado. La pequeña reliquia, recuperada del antiguo observatorio extradimensional al cual llegó hace un par de semanas, casi 20 días, comenzó a emitir una pulsación de luz violeta que ahuyentó las sombras del cobertizo.

Sin dudarlo, Stratus presionó el extremo de cristal de la vara contra el engranaje de metal negro en manos del detective. —Iniciando lectura de resonancia psicométrica —anunció con su característico tono monótono.

La magia del conjuro inunda el callejón. Durante un segundo, una imagen espectral y borrosa se proyecta en el aire entre los dos: ven la silueta de un asesino encapuchado, portando una espada imbuida en energía ardiente, ambos estaban como flotando sobre él, intenta quitarle el sobre sin éxito, ven al asesino asestar el corte de energía en el pecho del Ministro o Juez, lo ven caer golepando el tejado como con una especie de energía residual, quedando inmovil en el callejón mientras el asesino desaparece, literal, en sombras.

La proyección se disolvió en el aire, devolviendo la penumbra al cobertizo. 

Thalion tiene ahora toda la evidencia para resolver el caso, y sabe exactamente quién es el asesino.


IX. EL RECONOCIMIENTO

Thalion miró a Stratus. Stratus miró a Thalion. Ninguno de los dos sonrió. Ninguno de los dos ofreció un saludo cortés ni entabló una conversación superficial sobre el clima gótico de la urbe. Ambos reconocieron al instante, a través de puros cálculos de compatibilidad intelectual, que se encontraban ante un intelecto equivalente al propio. Fue un respeto mutuo, puro, pragmático y gélido

Stratus guarda su vara de cristal - solo le quedan un par de usos más, murmura -  se ajusta las túnicas oscuras. —Tu capacidad analítica incrementa la probabilidad de supervivencia de nuestro grupo en un cuarenta y dos por ciento, forense —declaró con absoluta frialdad mientras se daba la vuelta para regresar al callejón nuevamente lluvioso —.Mi contratista está reuniendo una expedición que requerirá sortear y deducir complejos campos de seguridad en bóvedas subterráneas. Vienes con nosotros - afirmó mientras le hace un gesto para que la siga.

Thalion contempló el sobre de la teocracia, apretó el engranaje de latón negro en su puño y luego miró la silueta de la extraña joven Nephilim que se alejaba bajo la lluvia. Supo en ese instante que su investigación de rutina se había transformado en el prólogo del golpe más grande de la historia de Ethelgard.

Guardó con sumo cuidado sus herramientas forenses, se ajustó el abrigo oscuro contra el frío y, sin pronunciar palabra, la siguió hacia el hotel de mala muerte en los barrios bajos donde Kalima y Cirrus esperaban a Stratus, sin preocuparse por ella realmente.

La sorpresa que se llevarán en unos minutos más.


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